
Fulgencio Martínez. Firma Invitada.
FULGENCIO MARTÍNEZ es escritor y profesor de Filosofía.
He tenido, recientemente, la oportunidad de conocer la Rumania actual, un país del que albergaba una imagen anacrónica, deformada por mi óptica de españolito que ve a su alrededor un buen número de inmigrantes venidos de aquel país a realizar trabajos humildes. Me ha sorprendido la vitalidad de la sociedad rumana, hoy en plena efervescencia económica, tecnológica, cultural. En un tren que tomé desde Bucarest a Brasov, me sorprendió que cada plaza tuviera acceso a Internet: era raro observar a un viajero que no estuviera aplicado a la pantalla de su ordenador portátil, tanto en los compartimentos de primera clase como en los de segunda.
Aprendí de un país orgulloso de su romanidad (en todas las ciudades se ostenta un monumento dedicado a la loba dando alimento a los gémelos Romulo y Remo), me reconfortó una gente que cuida con celo su idioma latino, mezclado con una importante aportación lingüística eslava, vehículo en la actualidad de una cultura viva, abierta a la curiosidad del presente global, y de una literatura espléndida, que poco a poco empieza a ser traducida en España. Prosistas como Alexandru Ecovoiu, poetas como Nicolae Prelipceanu y Denisa Comanescu (muy aconsejable su último libro Regreso del exilio, publicado en versión bilingüe por la editorial española Adamaramada) son los contemporáneos herederos de la rica tradición literaria rumana de la primera mitad del siglo XX, del periodo interbélico, cuando Bucarest era la París del Este de Europa y escribían Mircea Eliade, Emile Cioran, Max Blecher, Mihai Sebastian.
Me animó el conocimiento de un país que ha recuperado la libertad desde 1989, orgulloso de su mejor historia cultural; una historia que no sólo ha recibido el alimento espiritual romano, del que se siente digno continuador, sino otras polifónicas herencias: la alemana, la austriaca, la turca, la italiana, la húngara, la rusa, y la hebrea. En eso nos parecemos, en lo de ser encrucijada de culturas. No tanto en otros aspectos, como la dedicación a la lectura; en Rumania palpé el hambre ciudadana de cultura; cosa que no pasa ni en nuestras aulas universitarias.
Sorprende ver a cada paso por las calles del centro de las ciudades kioskos de libros junto a numerosos puestos de flores.
En el hotel de Bucarest, donde me alojaba, escuché en el hall a un español, joven hombre de negocios, preguntarle a otro: - ¿qué se puede hacer aquí para divertirse. Y la respuesta del otro no dejó de sorprenderme desde mis hábitos ibéricos: - Asistir a un concierto, a una ópera o una obra de teatro, son excelentes. Aquí lo más barato y lo mejor que se puede hacer para divertirse es ir a algún espectáculo cultural.
Lo corto de mi viaje a Rumania sólo me permitió asistir, un domingo por la tarde, a una representación del Teatro de la Abadía, de Madrid, en el marco del Festival de teatro internacional contemporáneo que, a la sazón, se celebraba en Bucarest. La representación, Las aventuras de Argelino, criado de dos amos, se daba en español, con subtítulos en rumano.
La curiosidad y el gusto por los idiomas es común entre los rumanos. Su facilidad para aprenderlos creo yo que en parte se debe a la costumbre de oírlos en la televisión, en el teatro, donde se exhiben las obras extranjeras en versión original, con subtítulos. Qué distinto a esto en mi España cañí, donde se odia que no te hablen en cristiano los de la tele y se dobla hasta a don Manuel (Fraga) cuando tiene la flor de falar en galego. ¿Cómo, aquí, cuando en 2010 se examine un alumno de inglés oral en la Selectividad, va a aprobar, si de pequeño no ha oído ni los dibujos animados en la lengua de Walt Disney y de William (Bill) Gates? Ay, pero qué poco esta incultura de oídos tiene que ver con el verdadero aprecio del propio idioma; de lo que, por otra parte, vamos tan mal... en la educación, al menos... Pero eso, para otro momento.
Tuve la suerte de conocer el Instituto Cervantes en Bucarest, y la labor extraordinaria que, con el impulso de su director D. Joaquín Garrigós Bueno, está haciendo allí para dar a conocer la lengua y la cultura españolas. Más de dos mil estudiantes de español, todos los años, pasan por sus aulas y su biblioteca (la Luis Rosales): número al que hay que sumar la gran cantidad de estudiantes de liceo que eligen español como segunda lengua, y el impulso del español por los departamentos de Filología en las Universidades, -como pude comprobarlo en la Universidad de Transilvania, en Brasov, y en las aulas de la Facultad de Letras de Timisoara-. Son hechos que manifiestan, por una parte, la pujanza del idioma español en Rumania, hoy ya al nivel de segunda lengua, junto con el inglés, en los centros de enseñanza; y por otra, la voluntad de comunicación de un país inquieto, cercano aunque desconocido para nosotros, como es Rumania.
Fui a participar en unos diálogos entre poetas rumanos y españoles -gracias a ese Instituto Cervantes cuya labor no cesa, año tras año, haciendo de puente entre la cultura de uno y otro país, España y Rumania, con la finalidad de unir los dos extremos de la latinidad europea.
Llevaba, en mi memoria, unas pocas cosas leídas de escritores rumanos, y el recuerdo indeleble de unos pensamientos sobre España, de Cioran (autor que devoré en mis primeros años universitarios) en aquella versión española, en Taurus, de La tentación de existir. Pensamientos que se resumen en esta frase: el español es un pueblo imposible, absurdo, trágico como su héroe Don Quijote, pero de los pocos pueblos europeos que no están dormidos por lo material.
Me he traído, de mi conocimiento de la Rumania de hoy, una esperanza en que ese pueblo tampoco se dejará dormir en el consumismo y en lo material, y la convicción, que casi ya hemos perdido en España, del valor de la cultura para que esto no suceda en ningún caso.
vegamediapress.
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Comentarii
me encanta todo lo que has dicho de rumania por lo tanto yo soy una niña rumana estoy viviendo en spaña ya llevo tres años y tengo 13 ,mi pais me gusta porque es donde he nacido y lo admiro pero no quiero ser egoista a mi españa me gusta mucho porque es el pais que mejor conozco aparte de rumania y me gusta mucho .
ciao
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