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Category: Stiri
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Felíz primavera y que viva Baba Dochia! 

1° de Marzo
La fiesta búlgara de BABA MARTA

Baba Marta (Abuela Marzo) es una tradicional fiesta búlgara que se inicia el 1° de marzo.
Ese día, los búlgaros cuelgan en la casa las "martenitsa", adornos de hilo rojo y blanco trenzadom, de cuyos bordes cuelgan borlas, una de cada color.Un ejemplo se ve en la ilustración, pero hay muchas variedades.
La gente también coloca martenitsas en la ropa o se las ata en la muñeca, y las regala a sus familiares y amigos.
El 1° de marzo se saluda con un "Chestita Baba Marta"
(Feliz Baba Marta)
Tradicionalmente, la martenitsa permanecerá a la vista hasta que aparezca la primer cigüeña, símbolo de la llegada de la primavera.
Los orígenes de Baba Marta son antiguos, y hay muchas leyendas diferentes al respecto.Algunas de ellas:

1-en la época del gran Reino búlgaro (s VII) se organizó una batalla para el mes de marzo.Las mujeres regalaron a sus hombres amuletos para proegerlos.El color rojo simbolizaba la sangre de los soldados y el blanco, el color de las mujeres que los esperaban

2- Misma época: un Rey búlgaro libra una batalla. La gana, y le envía un mensaje a su familia con una paloma.La sangre de la pata tiñe parte del cordón que ataba el mensaje y pasa a configurar la martenitsa.

3- en otras leyendas el blanco simboliza la nieve y el rojo la sangre -o el espíritu- de la cigüeña portadora de buenas noticias para los jóvenes recién casados.

Hasta el día de hoy, Baba Marta ha representado a Marzo, un mes cambiante.Se dice que Baba Marta es de humor impredecible, y que llevar las martenitsas la pone de buen humor y la predispone a regalarnos buen tiempo. Esta es quizá la base de la mayoría de las leyendas.

Esta costumbre es muy popular en Bulgaria: en la foto se ve un puesto ambulante con martenitsas de diferentes tipos para la venta, unos días antes del 1ero de marzo.

¡Chestita Baba Marta!
 
II. Baba Marta y Mártenitza
El único mes del calendario búlgaro que tiene nombre de mujer: Marta
Una de las festividades tradicionales más típicamente búlgaras* es la celebración de la llegada del mes de Marzo (Baba Marta: la anciana, abuela Marta) con el intercambio fraternal de lo que llamamos “mártenitza” (la encontraréis transcrita como “martenitsa” también): figuritas de hilos blancos y rojos entrelazados, que hoy en día pueden convertirse en auténticas obras de artesanía y llevar diferentes adornos con estricto significado de carácter dualista, relacionado con los ancestrales cultos solares. De hecho, la simbología que esconden las figuritas blanca y encarnada (sinónimo de ‘morada' en la antigüedad) “atadas ” mediante un lazo de unión firme es prácticamente idéntico al conocido símbolo dual: Yin-Yang.
El nombre actual del mes de marzo – Marta – proviene, al igual que en los idiomas romances, del nombre latino Martius (de Marte), aunque antaño su nombre se derivaba de abedúl: el árbol que anunciaba con el temprano brote de sus hojas y su savia, la llegada de la primavera y, quizás, también la claridad diurna que iba en aumento.
Los rutuales folclóricos relacionados con esta festividad que perviven en la memoria nacional búlgara están relacionados, sin duda, con la ancestral celebración de la llegada del Año Nuevo y la despedida del viejo que trasluce en el significado de algunos de ellos, como el madrugar de las doncellas al alba para asegurar su vitalidad a lo largo de todo el año que sigue la lógica de “empezar con buen pie” para terminarlo “con bien" igualmente: se dice que ello evita que Baba Marta les mee en los ojos y que se presente alegre y feliz por la bienvenida que le han hecho, cosa que aseguraba buen tiempo a lo largo de todo su dominio que, por lo demás, suele caracterizarse por la inestabilidad climática, razón por la que se solía practicar cierto tipo de adivinación, escogiendo un día del mes para conocer los augurios personales para el año entrante. Tampoco era aconsejable cortarse el pelo justo en este tiempo, para no quedarse “corto” de entendimiento.
Cuenta la leyenda más conocida sobre el origen de esta tradición que fue la Mártenitza el mensaje de salud y bienestar que intercambiaron el khan (can) Isperih (que formó la Bulgaria balcánica) y su querida hermana, cuando él tuvo que partir con parte de su pueblo desde las lejanas montañas tibetanas en busca de nuevos territorios, obligado por el avance de los jázaros. Después de su largo camino atravesó el Danubio y acampó en tierras habitadas por los eslavos que le recibieron amistosamente con ricos manjares y los exuberantes frutos de su bendita tierra. Pero el corazón del joven khan lloraba por la añoranza de su tierra natal y su familia, y su lamento se levantó hasta el sol que, consternado, hizo descender a su hombro una veloz golondrina (paloma o halcón en otras versiones) que le habló con voz humana y él le confió su pena. Emprendió ella el camino de vuelta a las tierras de su padre Kubrat y al llegar allí dio el mensaje de la creación de su nuevo estado a su querda hermana (Calina) y familiares. En señal de su alegría le hizo ella un verde ramito (de sagrado eneldo) envuelto en lana blanca con nudos que cifraron su mensaje, así como era la costumbre entre los búlgaros, y lo mandó de vuelta con la misma golondrina. En pocos días llevó el pájaro el mensaje a Isperih, pero tuvo que pagar su rápido y abnegado vuelo con una herida en sus alas que encarnó de sangre la blanca lana. Al descifrar el khan el mensaje de su hermana y percatarse de la fidelidad de su mensajera celestial, guardó la ramita adornada con la lana blanca y encarnada cerca de su corazón y mandó a todo su pueblo que hiciera lo mismo, en conmemoración de este día, de generación en generación...
La mañana del día 1 de marzo se prende una gran hoguera con mucho humo delante de cada casa. Más tarde se salta por encima de ella hasta tres veces, para purificarse de todo mal y enfermedades.
Las amas de las casas sacan sus alfombras, manteles y tejidos de color carmesí con los que cubren los árboles de su huerto y, acto seguido, adornan los pechos de cada uno de los suyos con la mártenitza.
Los cristianos cuentan que antaño, cuando la gente todavía vivía radiante y feliz, solía vestir en este día ropajes blancos. En una mañana de 1 de marzo del mismo año del nacimiento de Jesús, La Virgen María vestida de blanco había cortado un trozo de su túnica, delante del hogar paterno y la había encarnado en su sangre virginal para adornar con ella su pecho y recibir así los primeros rayos del sol para anunciar al mundo la bendición que les esperaba… Y, así, había nacido el Señor Jesucristo, cosustancial con el Dios Padre, encarnado por el Espíritu Santo y la Virgen María, Su Madre Santa.
Desde entonces la llamaron “mártenitza” y con ella conmemoran los piadosos búlgaros y todas sus casas esta gran bendición que les fue anunciada…
* * *
Se trata de una especie de amuleto que tiene poderes mágicos y asegura fertilidad, salud y felicidad a los que lo llevan. Los pequeños de la casa adornan con ellas su brazo derecho, el pecho o el cuello y las doncellas pueden llevarlas en el pelo. Los varones, en cambio, las atan por encima del codo o tobillo izquierdo o las esconden debajo del talón del mismo lado, no vaya a ser que “les fuera atada la hombría”. Se ponen también al ganado y los árboles frutales para asegurar un año de prosperidad.
En la tradicional mártenitza se entrelazan monedas, dientes de ajo seco, cuentas de color azul, anillos, cerdas de cola de caballo, conchas, etc.
Suelen llevarse hasta ver la primera golondrina, cigüeña o árbol en flor que anuncien la llegada de la primavera y entonces se atan en las ramas de un árbol con las palabras: “llévate mi oscuro y malo invierno y tráeme el claro y bendito verano” .
* Aunque se celebre también en Rumania, Moldovia y, antiguamente, en Macedonia, pero hay que reconocer también la presencia de importantes comunidades de origen búlgaro allí.
Hace años conocí a un albanés que afirmaba que ellos también tenían esta costumbre, pero no he podido confirmarlo, así que si alguien sabe algo al respecto y quiere hacérnoslo saber que me contacte, por favor.
la leyenda de Martisor
Érase una vez, hace mucho tiempo, que el Sol se personificó en un muchacho muy guapo, bajó del cielo y se dispuso a bailar el baile del “hora” en un pueblo.

 

Pero había un dragón que lo estaba esperando para raptarlo y arrojarlo en una cárcel. Entonces el mundo se puso triste, las aves no volaban y los niños y niñas no se reían.
Nadie se atrevía a desafiar al dragón malvado, hasta que un día, un joven y valiente muchacho se decidió a ir a salvar al Sol. Mucha gente fue a despedirlo y a proporcionarle apoyo y lo ayudaron a vencer al dragón y a salvar al Sol. Su hazaña duró tres estaciones: verano, otoño e invierno. Encontró el palacio del dragón y comenzaron a luchar. Lucharon durante días y días y al final el dragón fue muerto.
Sin fuerzas y malherido, el joven liberó al Sol, que subió de nuevo al cielo alegrando a toda la gente y llenándolos de júbilo. La naturaleza revivió y la gente era feliz, pero el joven no logró sobrevivir para ver la llegada de la primavera. La sangre caliente de sus heridas cayó sobre la nieve de la que, al fundirse, brotaban flores blancas, llamadas copos de nieve, mensajeras de la primavera. Hasta que su última gota de sangre cayó sobre la nieve y entonces se murió.
Desde aquel día los jóvenes tejen dos pequeñas borlas, una roja y otra blanca, y regalan este amuleto a las muchachas que quieren. El rojo simboliza el amor y toda la belleza y el blanco la pureza de los copos de nieve, las primeras flores que aparecen en primavera.